No me aferrare a las noches
Ni a las palabras que jugando
Se escapan de mi boca
Y tontas risueñas
Trotan escarbando
Y como remolinos
Retumban detrás de
Tus orejas
Y tu marco engañoso
Entorpece y cega
La panorámica realidad
Dónde arrastras mi querer
Por infernales senderos
Derribando anhelos
Que desangran mi ternura
Porque si despisto
A fragmentos
Mi espíritu cae
Con la constancia
Con la que abate estrellas
El cielo sureño
Y el tuyo indómito
Se aprovecha
De temores
Y enraizadas confesiones
Para vivir la alucinante
Fascinación de mi mirada
Ante tan perversa encrucijada
me pregunto
¿Qué será del hombre
que no confía en desventuras?
Y pausa su delirio
Con el querido
Caudal de raciocinio
Si no vive entre ramajes
De seducción y lamentos,
Te confieso
Que siento como paradigma,
El más escalofriante
Si mis desengaños alegran
Y te prometo
Con el llanto entre pechos
Que soy este poema
De niña al filo de tu desquicio
Adepta al son de tu voz
Que a tu maldecir
Encuentra su descanso
Al fin en este mundo
entre todos estos seres
entre todos estos seres
De comunicación extraña
Y procuro resguardar
Con el alma limpia y a trizas
Al hombre escondido
Entre mis pestañas
Para que por las mañanas
El palpitar de mis entrañas
No confunda a los Dioses.
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